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lunes, 5 de mayo de 2014

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA

El arquitecto destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Abrió la cafetera italiana, la llenó de agua, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre el filtro hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata. Mientras esperaba a escuchar los gorgorismos del líquido, jugando con un viejo portaminas en una actitud de confiada e inocente expectativa, el arquitecto experimentó una sensación de vacío en sus tripas. Era una mañana difícil de sortear, aún para un profesional como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa. Durante años, desde que empezó la crisis, el arquitecto no había hecho nada distinto de esperar. Al rato, entró en la gran sala del estudio con una taza de café. Ya nadie le acompañaría en la degustación sorbo a sorbo del aromático líquido oscuro: el despacho se había convertido en unipersonal. Se sentó ante la única mesa que tenía un ordenador conectado y se dispuso a informarse de la actualidad económica en general y profesional en particular, deseando encontrar noticias de reactivación en el mundo de la construcción, en el ejercicio de la arquitectura. Apuró la taza y al no encontrar la información que tanto tiempo esperaba sobre los compromisos gubernamentales de regeneración, rehabilitación y renovación urbana, tantas veces anunciados, se mintió a si mismo para convencerse de que realmente nunca había creído en tales promesas y se dijo en voz alta: no esperaba nada, soy arquitecto y hoy

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA



viernes, 7 de febrero de 2014

LA CALMA QUE PRECEDE A LA TEMPESTAD

En este invierno de temporales sucesivos que embisten la península ibérica desde el Atlántico Norte, contrasta la apariencia de tranquilidad, si no resignación, que se ha instalado en el ámbito profesional de la Arquitectura y los arquitectos, máxime si lo comparamos con la galerna que se abatió sobre nosotros el año pasado por estas mismas fechas, después que se filtrara el primer borrador de la Ley de Servicios Profesionales. Todos estamos muy tranquilos ahora y pareciera que en el negro horizonte de la crisis se atisbara un apunte de claridad, si por tal se entiende realizar trabajos menores a precios exiguos o dibujar y justificar anteproyectos de edificaciones, sin cobrar honorarios, en la débil esperanza de que, con un trabajo de calidad y unos números ajustados, se pudiera obtener financiación con la que todos, promotor, técnico y constructor, pudiéramos no ya ganar dinero sino al menos mantener la actividad de quienes en tiempos formamos eficientes y responsables estructuras productivas. Este “impasse”, la inactividad o el silencio de unos y otros, especialmente de quienes supuestamente defienden los intereses de los profesionales, ¡mis intereses! me produce repelús y escalofríos. Algo me dice que esta situación es

miércoles, 15 de enero de 2014

TODOS INTERVENIMOS EN PEQUEÑOS CANALES DE PANAMÁ

Mucho se habla estos días del asunto de las obras en el canal de Panamá, de la empresa SACYR, de la marca España y de las artimañas legales en los contratos de obra con las administraciones públicas, poniendo todos estos asuntos en relación y denunciando las perversiones de un sistema de contratación que lejos de asegurar la equidad en la adjudicación de los trabajos bajo el paraguas de la calidad y el coste ajustado, parece que haya favorecido el chanchullo, la chapuza y el beneficio de quienes están bien situados en los aledaños del poder o deambulan con pericia por sus vericuetos. Posiblemente ninguno de nosotros sepa nunca qué demonios ha ocurrido en tal obra y su gestión, ya que sólo percibimos sombras arrojadas por datos interesados sacados a la luz en una representación teatral de estrategia económica y política en la que ni el gobierno de Panamá es la doncella mancillada que parece ser, ni la empresa SACYR el macho acosador sin escrúpulos, ni el gobierno de España la celestina oculta que cose y descose virgos. Pensando detenidamente en las únicas situaciones contractuales con las que me encuentro últimamente en el ámbito profesional privado, generalmente intervenciones de reparación de inmuebles, creo que el frecuente espíritu degradado que anima la manera de actuar en los procesos de contratación y gestión de obra entre las administraciones públicas y las grandes constructoras de país ha calado profundamente en la desnortada y agostada sociedad española y que




jueves, 7 de noviembre de 2013

LA AGUJA DE MAREAR

Empezar profesionalmente en el ejercicio libre de la Arquitectura fue para mí como botar un velero y navegar día y noche en un mar desconocido: arte, ciencia e intuición. Conocía todas las velas, cabos y palos de mi barco, pero nadie me había hablado de cartas de navegación, de medios de orientación fiables ni de las corrientes que iba a encontrar. Así, tras mucho tiempo de navegar, primero cabotajes y después travesías, entre temporales y calmas chichas, y tras no pocos sustos provocados por fuertes galernas, he construido mi propio sistema de orientación con el que he logrado no encallar nunca ¡ni hundir! los barcos que he pilotado. Esa brújula particular, la única que me ha funcionado, nos ha salvado a tripulación y pasaje en múltiples ocasiones. Pero desde que se desencadenó la crisis, la tormenta perfecta que presentíamos desde largo tiempo atrás, el mar del ejercicio profesional sufre un pertinaz temporal, que modifica constantemente toda referencia de navegación, generando peligros desconocidos y modificando los anteriormente localizados. Son frecuentes las derivas y los pocos viajeros que se arriesgan a zarpar en mi pequeño pero todavía seguro barco, están tan atemorizados que desisten inmediatamente de realizar la travesía o pretenden cambiar el rumbo de navegación, cuando no de capitán, embrujados por cantos de sirena que les embotan el conocimiento, empujándoles al motín. Somos muchos los que coincidimos en que las travesías se han vuelto peligrosas, se han llenado de nuevos riesgos y que los cambios efectuados en nuestros bajeles no son suficientes para garantizar una buena travesía. Por ello se hace preciso trazar nuevas rutas, construir barcos más grandes y seguros y dotarnos de una nueva



lunes, 14 de octubre de 2013

EL SÍNDROME DEL ARQUITECTO BIPOLAR

Decíamos ayer que para este nuevo curso que ahora comienza quisiera afianzarme como un arquitecto de cabecera o de proximidad, cercano a los diferentes grupos sociales de mi entorno, conocedor de su historia, problemas, necesidades y deseos; dispuesto a trabajar codo con codo con ellos, a no impartir doctrina infalible e ininteligible; abierto a una actitud docente sobre Arquitectura; consciente de la precariedad del medio físico; valiente para defender soluciones contrarias al sistema establecido, dispuesto a empatizar con el cliente, a ponerme en su lugar para conocer sus necesidades. Ese parece ser mi loable deseo en ciertos instantes que creo de lucidez. Pero la vida es como es, la situación en España es…¡la que es! Y un servidor no es un ángel, ni mucho menos un santo, ni siquiera un monje soldado en defensa de la Arquitectura, conocida es mi opinión de que en su ejercicio sólo de puede ser ateo, y menos cuando mis más primarios instintos como ente contingente me incitan constantemente a procurar mi sustento y el de los míos. Así resulta que recientes experiencias profesionales tratando de empatizar con posibles clientes han llevado a mi mente a un estado de conmoción tal que mis sentimientos respecto al modo de ejercer esta profesión, tan antigua como el más viejo oficio que en el mundo haya, se han vuelto contradictorios y han entrado en conflicto, de modo que a día de hoy solo alcanzo a comprender que corro riesgo de padecer el