Hoy
he podido encontrar un rato para retomar éstos mis escritos ¡por un día
siquiera! Hace bastante que no escribo nada y, aunque no faltan temas sobre los
que podría tratar, siempre me digo que no tengo suficiente tiempo para hacerlo
con la mínima calidad y el rigor exigibles a todo aquél que plasma sus ideas, vivencias
y escasos conocimientos en textos de alcance público. Una desgana abúlica
parece haberse apoderado de mí en el estupor que acompaña este extraño final de
año en que coinciden la esperanza de un repunte laboral con la realidad de un
abundante trabajo residual mal pagado; la cercanía de una oportunidad de cambio
para un país hastiado de tanta corrupción y mentira con el autoprotector deseo inmovilista
que la propia mentira trata de inculcarnos con sus cantos de sirena sobre lo
bien que ya va todo para todos; el deseo de poder reorganizar un país sobre
bases justas y ajustadas a la idiosincrasia de los pueblos que lo forman con el
miedo a que las tensiones territoriales acaben con él; el ansia de libertad en
todos los ámbitos de nuestra vida, en un mundo interconectado, con la necesidad
de seguridad restrictiva de nuestros actos para asegurarlos en todo momento y
lugar; el dolor por las víctimas de la maldad humana cuando las percibimos
parecidas y cercanas a nosotros, con la indiferencia por las mismas si las
consideramos diferentes y lejanas…El pasmo que me provocan estas dicotomías me
lleva a pensar que los poderes que nos gobiernan, algunos por nuestro mandato
cuasi directo, manipulan a su antojo las circunstancias que nos rodean con el
único fin de crear una interesada visión de la realidad y provocar
Pensamientos, dudas y reflexiones durante el tránsito en el que surge la Arquitectura
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lunes, 23 de noviembre de 2015
miércoles, 20 de mayo de 2015
¡UNA PUNTA DE TRABAJO!
Hace
algún tiempo que no comparto los párrafos que intentan plasmar mi impresión
sobre la Arquitectura y la profesión de arquitecto en los tiempos revueltos y
grises que vivimos; que no desahogo mi ánimo presentando negro sobre blanco las
ideas que pugnan por reventar mi cabeza en los momentos en que todo parece
amenazar con hundirse de una vez por todas; que no busco alivio ante la
posibilidad de que alguien, al leer mis reflexiones, comprenda y comparta mis
inquietudes, mis zozobras, mis anhelos. Y, aunque lo más probable es que nadie
me haya echada de menos, no falto a la verdad si afirmo que ¡Añoraba publicar
uno de estos mis escritos!, ¡Ilusionarme porque alguien los lea! Lo escribo tal y como lo siento, precisamente
en estos tiempos en que bien la mentira, bien la verdad deformada, bien la
realidad enmascarada, campan dueñas y señoras de muchos medios de comunicación,
convertidos en altavoces más o menos voluntarios de los mensajes de quienes
pretenden guiar nuestro futuro. Y todo este retraso, esta ausencia, esta
añoranza, tienen una razón, una explicación convincente: he tenido
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jueves, 23 de octubre de 2014
¡NO ES QUE SEAMOS TONTOS! ¡ES QUE NOS HAN DIBUJADO ASÍ!
Como
en tantas ocasiones, el arquitecto reclinó su dolorida espalda sobre el
respaldo de la butaca retirando los cansados ojos de la pantalla del ordenador
a la vez que profería un sonoro suspiro.
-¿Has
acabado ya? ¡No te he oído soltar ningún reniego! –Era la voz de un antiguo
compañero de fatigas con el que ahora compartía el despacho. El estudio ya no
era unipersonal, era la suma de dos personas, amigos supervivientes de mil batallas,
dispuestos a enfrentarse al último reto que la vida profesional les proponía:
sobrevivir a la crisis adaptándose a los nuevos tiempos.
-Si,
creo que si, o al menos eso parece. Todas las crucecitas del sistema están en
verde; no aparece ningún mensaje de error y el ordenador no se ha colgado al
pulsar el botón de tramitar. ¡El trasto es viejo y lento, pero todavía funciona
y aun debe durarnos!
-El
otro día me escandalizaste con tus palabrotas ¡y mira que es difícil no que me
escandalices, sino que tu sueltes un taco! ¡A más de uno le tuvieron que pitar
los oídos en el Colegio!
-¡Quita,
quita! No me gusta insultar a nadie, ni mucho menos a los hábiles que crearon
este ágil sistema de visado ¡Además el personal que nos atiende en el Colegio
es un encanto y deben soportar las impertinencias de cada uno de nosotros! ¡Es
mi mente, que no está hecha para esto, sea lo que sea! Ahora bien, cuando
cobremos unos honorarios medianamente decentes, cambio todo el sistema
informático del despacho…
-Pero
¿tú estás tonto? ¡Ya estás como siempre: cuando ganas un poco de dinero no lo
inviertes en ti, sino que lo gastas en el maldito estudio! ¡No se cómo te han
aguantado en casa todos estos años!
-¡Mira
quien fue a hablar! Tú no eres diferente a mí, ¡somos de la misma quinta!
lunes, 5 de mayo de 2014
LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA
El
arquitecto destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una
cucharadita. Abrió la cafetera italiana, la llenó de agua, y con un cuchillo
raspó el interior del tarro sobre el filtro hasta cuando se desprendieron las
últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata. Mientras
esperaba a escuchar los gorgorismos del líquido, jugando con un viejo
portaminas en una actitud de confiada e inocente expectativa, el arquitecto experimentó
una sensación de vacío en sus tripas. Era una mañana difícil de sortear, aún
para un profesional como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa. Durante
años, desde que empezó la crisis, el arquitecto no había hecho nada distinto de
esperar. Al rato, entró en la gran sala del estudio con una taza de café. Ya nadie
le acompañaría en la degustación sorbo a sorbo del aromático líquido oscuro: el
despacho se había convertido en unipersonal. Se sentó ante la única mesa que
tenía un ordenador conectado y se dispuso a informarse de la actualidad
económica en general y profesional en particular, deseando encontrar noticias
de reactivación en el mundo de la construcción, en el ejercicio de la arquitectura.
Apuró la taza y al no encontrar la información que tanto tiempo esperaba sobre
los compromisos gubernamentales de regeneración, rehabilitación y renovación
urbana, tantas veces anunciados, se mintió a si mismo para convencerse de que
realmente nunca había creído en tales promesas y se dijo en voz alta: no
esperaba nada, soy arquitecto y hoy
LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA
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martes, 8 de abril de 2014
NOCHES DE CAFEÍNA Y PARALEX
Recientemente
el Gobierno de España ha tenido a bien publicar nuevas herramientas informáticas
¡otras más! para los arquitectos y demás profesionales que redactan proyectos
de construcción: una reprogramación de la herramienta informática de cálculo
del Documento Básico de protección frente al ruido DB-HR; el programa unificado
LIDER-CALENER y la adaptación de estas aplicaciones a los cambios introducidos
por el Documento Básico ahorro de Energía DB-HE del año 2013. Después de una
primera toma de contacto con los programas, he procurado mantener mi compostura
mental, respirar profundamente, convencerme a mi mismo de que después del
pertinente cursillo los sabré manejar con incomparable destreza, aunque no se
sobre qué, y me he resignado a aceptar, a regañadientes, el signo de los
tiempos: creer en la bondad de unas aplicaciones informáticas de las que
desconozco todo, desde el cómo están hechas hasta los criterios de cálculo y
posterior comparación con los modelos edificatorios tomados como referencia y
en las que sólo intervengo para introducir datos. Serán cosas de la edad, pero mis
ojos se han quedado fijos en la única mesa de dibujo propiamente dicha que
queda en mi estudio, y he añorado los primeros años de ejercicio profesional,
cuando no podía permitirme el lujo de tener un ordenador. Y me he emocionado al
recordar las
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martes, 11 de marzo de 2014
Y LA SALUD BIEN ¿NO?
Oye
¿Tu has notado algo en este trimestre? ¿Cómo te va, entra algún trabajo en tu
estudio? ¡Anda, acaparador, que me he enterado que te han encargado una
reparación! ¡Cuánto tiempo sin verte, te hacía en Sudamérica! ¿No habías
cerrado el despacho? ¡Venga, venga, que ya se ve la luz al final del túnel y
por eso han subido las tarifas! ¿Y de las subvenciones de las “tres erres” se
sabe algo? ¿Es cierto que fulanito cierra el chiringuito? ¡Pero si tiene
nuestra edad! ¿Y de que carajo va a vivir, si últimamente trabajaba menos que
yo, que ya es decir nada? ¿Tú has hecho alguna certificación energética? ¿Qué
programa te parece mejor? ¡Ya hablaremos una tarde, que yo no consigo hacerme
un criterio con esos programas que nadie sabe en qué se basan y el cursillo aquel
ya se me ha olvidado! ¿Y el Colegio de Arquitectos que hace? ¡Tira, tira, que
mengano es de los que cobran honorarios basura! ¡Anda que ya le vale al
gobierno con la dichosa ley de servicios!...Preguntas y exclamaciones; más
preguntas y más exclamaciones. Unas sinceras; otras con retranca; algunas interesadas
y, las más, meras fórmulas de conversación en estos tiempos de roña. De todas
ellas mi preferida cuando me encuentro con un compañero arquitecto es
Y LA SALUD BIEN ¿NO?
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miércoles, 27 de noviembre de 2013
LA ARQUICEPCIÓN
Desde
pequeños descubrimos, y nos enseñan, la existencia de cinco sentidos que nos
ayudan a comprender y deambular por el mundo, permitiendo nuestra relación con
el entorno a través de la captación de impresiones que, tratadas en el cerebro
y pasadas por el tamiz de nuestra educación y experiencia, se convierten en nuestra
idea de la realidad. La conocida lista compuesta por la vista, el oído, el
olfato, el gusto y el tacto, se puede ampliar con un número variable de otros sentidos,
aceptándose como tales la termocepción, la nocicepción, la propiocepcion y la equilibriocepción,
mientras se discute sobre la existencia de un sentido de alerta que advierte
cuando alguna cosa no anda bien o cuando nuestras acciones pueden comprometer
nuestra seguridad. Los arquitectos hemos desarrollado un sentido propio que nos
permite percibir nada más visitar un ámbito espacial abierto o cerrado las imperfecciones
o incongruencias constructivas, compositivas y funcionales que existen en el
mismo y que habitualmente pasan desapercibidas para la mayoría. Esta cualidad,
no exclusiva de los arquitectos e innata en muchos, se adquiere y perfecciona
tras nuestro paso por las Escuelas de Arquitectura y después de años de
ejercicio profesional. Se trata de
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jueves, 7 de noviembre de 2013
LA AGUJA DE MAREAR
Empezar
profesionalmente en el ejercicio libre de la Arquitectura fue para mí como botar
un velero y navegar día y noche en un mar desconocido: arte, ciencia e
intuición. Conocía todas las velas, cabos y palos de mi barco, pero nadie me
había hablado de cartas de navegación, de medios de orientación fiables ni de
las corrientes que iba a encontrar. Así, tras mucho tiempo de navegar, primero
cabotajes y después travesías, entre temporales y calmas chichas, y tras no
pocos sustos provocados por fuertes galernas, he construido mi propio sistema
de orientación con el que he logrado no encallar nunca ¡ni hundir! los barcos
que he pilotado. Esa brújula particular, la única que me ha funcionado, nos ha
salvado a tripulación y pasaje en múltiples ocasiones. Pero desde que se
desencadenó la crisis, la tormenta perfecta que presentíamos desde largo tiempo
atrás, el mar del ejercicio profesional sufre un pertinaz temporal, que modifica
constantemente toda referencia de navegación, generando peligros desconocidos y
modificando los anteriormente localizados. Son frecuentes las derivas y los pocos
viajeros que se arriesgan a zarpar en mi pequeño pero todavía seguro barco,
están tan atemorizados que desisten inmediatamente de realizar la travesía o pretenden
cambiar el rumbo de navegación, cuando no de capitán, embrujados por cantos de
sirena que les embotan el conocimiento, empujándoles al motín. Somos muchos los
que coincidimos en que las travesías se han vuelto peligrosas, se han llenado de
nuevos riesgos y que los cambios efectuados en nuestros bajeles no son
suficientes para garantizar una buena travesía. Por ello se hace preciso trazar
nuevas rutas, construir barcos más grandes y seguros y dotarnos de una nueva
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