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lunes, 23 de noviembre de 2015

UN PROBLEMA DE PERSPECTIVA

Hoy he podido encontrar un rato para retomar éstos mis escritos ¡por un día siquiera! Hace bastante que no escribo nada y, aunque no faltan temas sobre los que podría tratar, siempre me digo que no tengo suficiente tiempo para hacerlo con la mínima calidad y el rigor exigibles a todo aquél que plasma sus ideas, vivencias y escasos conocimientos en textos de alcance público. Una desgana abúlica parece haberse apoderado de mí en el estupor que acompaña este extraño final de año en que coinciden la esperanza de un repunte laboral con la realidad de un abundante trabajo residual mal pagado; la cercanía de una oportunidad de cambio para un país hastiado de tanta corrupción y mentira con el autoprotector deseo inmovilista que la propia mentira trata de inculcarnos con sus cantos de sirena sobre lo bien que ya va todo para todos; el deseo de poder reorganizar un país sobre bases justas y ajustadas a la idiosincrasia de los pueblos que lo forman con el miedo a que las tensiones territoriales acaben con él; el ansia de libertad en todos los ámbitos de nuestra vida, en un mundo interconectado, con la necesidad de seguridad restrictiva de nuestros actos para asegurarlos en todo momento y lugar; el dolor por las víctimas de la maldad humana cuando las percibimos parecidas y cercanas a nosotros, con la indiferencia por las mismas si las consideramos diferentes y lejanas…El pasmo que me provocan estas dicotomías me lleva a pensar que los poderes que nos gobiernan, algunos por nuestro mandato cuasi directo, manipulan a su antojo las circunstancias que nos rodean con el único fin de crear una interesada visión de la realidad y provocar

¡UN PROBLEMA DE PERSPECTIVA!



miércoles, 20 de mayo de 2015

¡UNA PUNTA DE TRABAJO!

Hace algún tiempo que no comparto los párrafos que intentan plasmar mi impresión sobre la Arquitectura y la profesión de arquitecto en los tiempos revueltos y grises que vivimos; que no desahogo mi ánimo presentando negro sobre blanco las ideas que pugnan por reventar mi cabeza en los momentos en que todo parece amenazar con hundirse de una vez por todas; que no busco alivio ante la posibilidad de que alguien, al leer mis reflexiones, comprenda y comparta mis inquietudes, mis zozobras, mis anhelos. Y, aunque lo más probable es que nadie me haya echada de menos, no falto a la verdad si afirmo que ¡Añoraba publicar uno de estos mis escritos!, ¡Ilusionarme porque alguien los lea!  Lo escribo tal y como lo siento, precisamente en estos tiempos en que bien la mentira, bien la verdad deformada, bien la realidad enmascarada, campan dueñas y señoras de muchos medios de comunicación, convertidos en altavoces más o menos voluntarios de los mensajes de quienes pretenden guiar nuestro futuro. Y todo este retraso, esta ausencia, esta añoranza, tienen una razón, una explicación convincente: he tenido


jueves, 23 de octubre de 2014

¡NO ES QUE SEAMOS TONTOS! ¡ES QUE NOS HAN DIBUJADO ASÍ!

Como en tantas ocasiones, el arquitecto reclinó su dolorida espalda sobre el respaldo de la butaca retirando los cansados ojos de la pantalla del ordenador a la vez que profería un sonoro suspiro.
-¿Has acabado ya? ¡No te he oído soltar ningún reniego! –Era la voz de un antiguo compañero de fatigas con el que ahora compartía el despacho. El estudio ya no era unipersonal, era la suma de dos personas, amigos supervivientes de mil batallas, dispuestos a enfrentarse al último reto que la vida profesional les proponía: sobrevivir a la crisis adaptándose a los nuevos tiempos.
-Si, creo que si, o al menos eso parece. Todas las crucecitas del sistema están en verde; no aparece ningún mensaje de error y el ordenador no se ha colgado al pulsar el botón de tramitar. ¡El trasto es viejo y lento, pero todavía funciona y aun debe durarnos!
-El otro día me escandalizaste con tus palabrotas ¡y mira que es difícil no que me escandalices, sino que tu sueltes un taco! ¡A más de uno le tuvieron que pitar los oídos en el Colegio!
-¡Quita, quita! No me gusta insultar a nadie, ni mucho menos a los hábiles que crearon este ágil sistema de visado ¡Además el personal que nos atiende en el Colegio es un encanto y deben soportar las impertinencias de cada uno de nosotros! ¡Es mi mente, que no está hecha para esto, sea lo que sea! Ahora bien, cuando cobremos unos honorarios medianamente decentes, cambio todo el sistema informático del despacho…
-Pero ¿tú estás tonto? ¡Ya estás como siempre: cuando ganas un poco de dinero no lo inviertes en ti, sino que lo gastas en el maldito estudio! ¡No se cómo te han aguantado en casa todos estos años!
-¡Mira quien fue a hablar! Tú no eres diferente a mí, ¡somos de la misma quinta!

lunes, 5 de mayo de 2014

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA

El arquitecto destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Abrió la cafetera italiana, la llenó de agua, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre el filtro hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata. Mientras esperaba a escuchar los gorgorismos del líquido, jugando con un viejo portaminas en una actitud de confiada e inocente expectativa, el arquitecto experimentó una sensación de vacío en sus tripas. Era una mañana difícil de sortear, aún para un profesional como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa. Durante años, desde que empezó la crisis, el arquitecto no había hecho nada distinto de esperar. Al rato, entró en la gran sala del estudio con una taza de café. Ya nadie le acompañaría en la degustación sorbo a sorbo del aromático líquido oscuro: el despacho se había convertido en unipersonal. Se sentó ante la única mesa que tenía un ordenador conectado y se dispuso a informarse de la actualidad económica en general y profesional en particular, deseando encontrar noticias de reactivación en el mundo de la construcción, en el ejercicio de la arquitectura. Apuró la taza y al no encontrar la información que tanto tiempo esperaba sobre los compromisos gubernamentales de regeneración, rehabilitación y renovación urbana, tantas veces anunciados, se mintió a si mismo para convencerse de que realmente nunca había creído en tales promesas y se dijo en voz alta: no esperaba nada, soy arquitecto y hoy

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA



martes, 8 de abril de 2014

NOCHES DE CAFEÍNA Y PARALEX

Recientemente el Gobierno de España ha tenido a bien publicar nuevas herramientas informáticas ¡otras más! para los arquitectos y demás profesionales que redactan proyectos de construcción: una reprogramación de la herramienta informática de cálculo del Documento Básico de protección frente al ruido DB-HR; el programa unificado LIDER-CALENER y la adaptación de estas aplicaciones a los cambios introducidos por el Documento Básico ahorro de Energía DB-HE del año 2013. Después de una primera toma de contacto con los programas, he procurado mantener mi compostura mental, respirar profundamente, convencerme a mi mismo de que después del pertinente cursillo los sabré manejar con incomparable destreza, aunque no se sobre qué, y me he resignado a aceptar, a regañadientes, el signo de los tiempos: creer en la bondad de unas aplicaciones informáticas de las que desconozco todo, desde el cómo están hechas hasta los criterios de cálculo y posterior comparación con los modelos edificatorios tomados como referencia y en las que sólo intervengo para introducir datos. Serán cosas de la edad, pero mis ojos se han quedado fijos en la única mesa de dibujo propiamente dicha que queda en mi estudio, y he añorado los primeros años de ejercicio profesional, cuando no podía permitirme el lujo de tener un ordenador. Y me he emocionado al recordar las



martes, 11 de marzo de 2014

Y LA SALUD BIEN ¿NO?

Oye ¿Tu has notado algo en este trimestre? ¿Cómo te va, entra algún trabajo en tu estudio? ¡Anda, acaparador, que me he enterado que te han encargado una reparación! ¡Cuánto tiempo sin verte, te hacía en Sudamérica! ¿No habías cerrado el despacho? ¡Venga, venga, que ya se ve la luz al final del túnel y por eso han subido las tarifas! ¿Y de las subvenciones de las “tres erres” se sabe algo? ¿Es cierto que fulanito cierra el chiringuito? ¡Pero si tiene nuestra edad! ¿Y de que carajo va a vivir, si últimamente trabajaba menos que yo, que ya es decir nada? ¿Tú has hecho alguna certificación energética? ¿Qué programa te parece mejor? ¡Ya hablaremos una tarde, que yo no consigo hacerme un criterio con esos programas que nadie sabe en qué se basan y el cursillo aquel ya se me ha olvidado! ¿Y el Colegio de Arquitectos que hace? ¡Tira, tira, que mengano es de los que cobran honorarios basura! ¡Anda que ya le vale al gobierno con la dichosa ley de servicios!...Preguntas y exclamaciones; más preguntas y más exclamaciones. Unas sinceras; otras con retranca; algunas interesadas y, las más, meras fórmulas de conversación en estos tiempos de roña. De todas ellas mi preferida cuando me encuentro con un compañero arquitecto es

Y LA SALUD BIEN ¿NO?





miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA ARQUICEPCIÓN

Desde pequeños descubrimos, y nos enseñan, la existencia de cinco sentidos que nos ayudan a comprender y deambular por el mundo, permitiendo nuestra relación con el entorno a través de la captación de impresiones que, tratadas en el cerebro y pasadas por el tamiz de nuestra educación y experiencia, se convierten en nuestra idea de la realidad. La conocida lista compuesta por la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, se puede ampliar con un número variable de otros sentidos, aceptándose como tales la termocepción, la nocicepción, la propiocepcion y la equilibriocepción, mientras se discute sobre la existencia de un sentido de alerta que advierte cuando alguna cosa no anda bien o cuando nuestras acciones pueden comprometer nuestra seguridad. Los arquitectos hemos desarrollado un sentido propio que nos permite percibir nada más visitar un ámbito espacial abierto o cerrado las imperfecciones o incongruencias constructivas, compositivas y funcionales que existen en el mismo y que habitualmente pasan desapercibidas para la mayoría. Esta cualidad, no exclusiva de los arquitectos e innata en muchos, se adquiere y perfecciona tras nuestro paso por las Escuelas de Arquitectura y después de años de ejercicio profesional. Se trata de




jueves, 7 de noviembre de 2013

LA AGUJA DE MAREAR

Empezar profesionalmente en el ejercicio libre de la Arquitectura fue para mí como botar un velero y navegar día y noche en un mar desconocido: arte, ciencia e intuición. Conocía todas las velas, cabos y palos de mi barco, pero nadie me había hablado de cartas de navegación, de medios de orientación fiables ni de las corrientes que iba a encontrar. Así, tras mucho tiempo de navegar, primero cabotajes y después travesías, entre temporales y calmas chichas, y tras no pocos sustos provocados por fuertes galernas, he construido mi propio sistema de orientación con el que he logrado no encallar nunca ¡ni hundir! los barcos que he pilotado. Esa brújula particular, la única que me ha funcionado, nos ha salvado a tripulación y pasaje en múltiples ocasiones. Pero desde que se desencadenó la crisis, la tormenta perfecta que presentíamos desde largo tiempo atrás, el mar del ejercicio profesional sufre un pertinaz temporal, que modifica constantemente toda referencia de navegación, generando peligros desconocidos y modificando los anteriormente localizados. Son frecuentes las derivas y los pocos viajeros que se arriesgan a zarpar en mi pequeño pero todavía seguro barco, están tan atemorizados que desisten inmediatamente de realizar la travesía o pretenden cambiar el rumbo de navegación, cuando no de capitán, embrujados por cantos de sirena que les embotan el conocimiento, empujándoles al motín. Somos muchos los que coincidimos en que las travesías se han vuelto peligrosas, se han llenado de nuevos riesgos y que los cambios efectuados en nuestros bajeles no son suficientes para garantizar una buena travesía. Por ello se hace preciso trazar nuevas rutas, construir barcos más grandes y seguros y dotarnos de una nueva