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viernes, 11 de diciembre de 2015

SEÑORES CANDIDATOS: YO, ARQUITECTO, TENGO UNAS PREGUNTAS PARA USTEDES

Una inoportuna dolencia me ha obligado a guardar reposo durante dos semanas dándome tiempo más que suficiente para escuchar diversas intervenciones y debates de los candidatos a Presidente del Gobierno en las próximas elecciones del día 20 de Diciembre e informarme parcialmente de los contenidos de los programas electorales con que concurren a dichas elecciones. También me ha permitido recordar que sólo hace dos años, los arquitectos estábamos, por una vez, unidos  en defensa de nuestra profesión y de la Arquitectura, luchando denodadamente contra el anteproyecto la Ley de Servicios Profesionales: parecía que finalmente abandonábamos nuestras torres de marfil para, luego de entonar un mea culpa, ponernos al servicio de la sociedad contra esa nueva agresión. Y de repente, cruzando ambos pensamientos, me di cuenta de la realidad: la desaparición absoluta de dicha cuestión profesional de nuestra realidad cotidiana en el momento en que más debía debatirse tanto por parte de los políticos como por la nuestra. ¿En qué ha quedado todo esto?¿Cuál es la idea que llevan en este tema los diferentes partidos políticos?¿Qué están haciendo nuestras organizaciones profesionales para que los políticos definan qué pretenden hacer en la próxima legislatura en materia de arquitectura y servicios profesionales? No se sabe nada, no se oye nada, no se dice nada. Y aunque quizás en algún programa electoral se haga alguna referencia a ello, yo carezco de esa información, pero como no cesan de pedir mi voto por activa y por pasiva, me permito dirigirme a los candidatos y decirles

 CANDIDATOS: YO, ARQUITECTO,  TENGO UNAS PREGUNTAS PARA USTEDES




lunes, 5 de mayo de 2014

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA

El arquitecto destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Abrió la cafetera italiana, la llenó de agua, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre el filtro hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata. Mientras esperaba a escuchar los gorgorismos del líquido, jugando con un viejo portaminas en una actitud de confiada e inocente expectativa, el arquitecto experimentó una sensación de vacío en sus tripas. Era una mañana difícil de sortear, aún para un profesional como él que había sobrevivido a tantas mañanas como esa. Durante años, desde que empezó la crisis, el arquitecto no había hecho nada distinto de esperar. Al rato, entró en la gran sala del estudio con una taza de café. Ya nadie le acompañaría en la degustación sorbo a sorbo del aromático líquido oscuro: el despacho se había convertido en unipersonal. Se sentó ante la única mesa que tenía un ordenador conectado y se dispuso a informarse de la actualidad económica en general y profesional en particular, deseando encontrar noticias de reactivación en el mundo de la construcción, en el ejercicio de la arquitectura. Apuró la taza y al no encontrar la información que tanto tiempo esperaba sobre los compromisos gubernamentales de regeneración, rehabilitación y renovación urbana, tantas veces anunciados, se mintió a si mismo para convencerse de que realmente nunca había creído en tales promesas y se dijo en voz alta: no esperaba nada, soy arquitecto y hoy

LOS ARQUITECTOS NO TIENEN QUIEN LES ESCRIBA



lunes, 27 de mayo de 2013

¡UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD!

Uno de los valores que la sociedad nos atribuye a los arquitectos es el de la responsabilidad. Pero no tanto como una cualidad que radica en nuestra conciencia permitiéndonos reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de nuestros actos, en el plano de lo moral y en relación con la función social de la Arquitectura, sino como la obligación que recae sobre nosotros de reparar el daño causado a otro, sea en naturaleza o bien por un equivalente monetario. Es decir, solo se nos reconoce, tristemente, la responsabilidad civil. Y tengo mis dudas sobre si muchos de nosotros sólo pensamos en esta parte del concepto de responsabilidad, que eso sí, nos supone mucho dinero.